“¿Qué ha pasado?”. Se pregunta el propio Zizou Bergs. Respuesta: era su día, no el de Carlos Alcaraz, apeado en la tercera ronda del Masters de Shanghái, adonde había llegado con ganas después de haber triunfado por segunda vez en Tokio. “Estoy muy motivado”, recalcaba el murciano. “La pista es rápida, me gusta, y el próximo día espero hacerlo mejor”, prolongaba. Sin embargo, el belga (27 años y 39º) redondea una magnífica actuación (7-5 y 7-6(4), en 2h 03m) y lo celebra. Se lo cree, pero no se le cree: “Es una mezcla de incredulidad y de no sentir demasiado. Hay momentos en los que realmente no te das cuenta de lo que está pasando. Simplemente estás ahí”, cuenta. Mientras Alcaraz abandona la pista, eliminado contra pronóstico, queda el consuelo de Rafa Jódar, renacido en el turno previo contra Jiri Lehecka (4-6, 7-6(2) y 6-4, en 2h 42m).
LOS INTERCAMBIOS CORTOS, LA CLAVE
Independientemente de las sensaciones, Alcaraz tan solo pudo hacerse con el 66% de los puntos decididos bajo sus primeros servicios y, en líneas generales, fue inferior a su rival. Bergs se medirá el miércoles en los octavos con el estadounidense Tommy Paul (6-4 y 6-2 a Valentin Vacherot).
El español aseguró en la rueda de prensa que la derrota le dolió y admitió que lo pilló a contrapié. “Me sentía muy bien y venía aquí fresco, con ganas de competir, así que ver que no he podido adaptarme y el pobre nivel que he dado hoy es decepcionante”, afirmó en unas declaraciones recogidas por EFE.
El reparto de puntos es esclarecedor. Él se adjudicó once de los doce que se resolvieron por encima de los nueve golpes (91,7%), mientras que Bergs edificó la victoria en los intercambios cortos; en concreto, el belga se hizo con el 59% de los puntos disputados entre uno y cuatro golpes (un total de 107).
Alcaraz incidió en las pelotas —“de un punto a otro botaban totalmente diferente”—, aunque no quiso poner “excusas”. “A lo mejor tengo que jugar de otra forma, ver la bola y pensar de otra manera”, apuntó. También dijo que había notado la pista más lenta que el sábado, cuando batió a Juan Manuel Cerúndolo.
El “muy buen nivel” de Bergs contrastó con el “muy malo” suyo, según calificó, y ahora se concentrará en los próximos retos: el Masters de París, la Copa de Maestros y las Finales de la Copa Davis. No obstante, los días días 21, 22 y 24 tiene agendada la exhibición millonaria de Riad.
Por otra parte, su derrota asegura que Alexander Zverev finalice el año en lo más alto. El alemán, que desbancará antes o después a Sinner, se convertirá en el trigésimo líder de la ATP y recogerá el testigo de su compatriota Boris Becker, que alcanzó por primera vez la cima en enero de 1991.
A sus 29 años y 217 días, Zverev —citado con Alexander Bublik en los octavos— será el número uno más veterano a final de año. Por ahora lo es el estadounidense Andre Agassi (29 y 214) y le sigue el escocés Andy Murray (29 y 197).
El murciano choca con la excelente actuación del belga (7-5 y 7-6(4), mientras que Jódar remonta contra Lehecka (4-6, 7-6(2) y 6-4) y jugará los octavos el miércoles
“¿Qué ha pasado?”. Se pregunta el propio Zizou Bergs. Respuesta: era su día, no el de Carlos Alcaraz, apeado en la tercera ronda del Masters de Shanghái, adonde había llegado con ganas después de haber triunfado por segunda vez en Tokio. “Estoy muy motivado”, recalcaba el murciano. “La pista es rápida, me gusta, y el próximo día espero hacerlo mejor”, prolongaba. Sin embargo, el belga (27 años y 39º) redondea una magnífica actuación (7-5 y 7-6(4), en 2h 03m) y lo celebra. Se lo cree, pero no se le cree: “Es una mezcla de incredulidad y de no sentir demasiado. Hay momentos en los que realmente no te das cuenta de lo que está pasando. Simplemente estás ahí”, cuenta. Mientras Alcaraz abandona la pista, eliminado contra pronóstico, queda el consuelo de Rafa Jódar, renacido en el turno previo contra Jiri Lehecka (4-6, 7-6(2) y 6-4, en 2h 42m).
Difícil prever la derrota del primero, aunque la buena dinámica de Bergs invitaba a mantener la guardia alta —había resuelto sus dos primeras rondas con autoridad— y la renovada superficie del torneo lo cambia todo. De un año a otro, nada que ver. El salto drástico de velocidad —diez puntos más respecto al curso pasado— lo asemeja más a un indoor (cubierto) que a uno al aire libre, por lo que la acción transcurre de forma acelerada, de fogonazo en fogonazo. La pelota no concede tregua y Alcaraz, a disgusto todo el rato, cede antes que nunca en Shanghái, uno de los retos que le brindaba este tramo final de temporada. No caía ante un rival con un ranking tan bajo desde que perdiera el año pasado en Miami contra, precisamente, el belga David Goffin (55º).
En esta ocasión, Bergs se predispone exactamente como se debe para batir a un tenista de la talla de Alcaraz: valentía o nada. El belga, gorrilla hacia atrás, piensa que tiene poco que perder y mucho que ganar, de modo que aborda al murciano sin temores, atosigándole, presionándole con cada pelotazo. Enredando todo el rato. Lógico: de fondo a fondo, no habría discusión. Así que propone un escenario caótico, de mucho desorden. El español está incómodo y, aunque el guion se tuerza, Alcaraz lo corrige rápido —de break a contrabreak— y se intuye que el partido tal vez seguirá los mismos derroteros que los de Tokio, donde tuvo que ir apagando fuegos y rehaciéndose prácticamente en todas las estaciones. Allá, problemas con el saque. Aquí, también.
El escenario es similar, pero las sensaciones diferentes. Si en Japón mantuvo el temple ante todas las adversidades, esta vez le cuesta procesar la frustración. No lo ve, no está a gusto. Y el bote de la pelota está hartándole. Todavía no ha concedido la primera manga y su juego ya ha ido ensuciándose, perdiendo poco a poco la claridad. Está confuso, lo necesita, lo expulsa: “¡No puedo jugar así, tío!”. “¡No lo entiendo, no lo entiendo!”. “¡No puedo jugar así, por intuición…! ¡Unas bolas van parriba, otras pabajo…!”. “¡Una me bota y la otra me desliza…!”. “¡Es una locura!”.
Está caliente, encendido, tiene las pulsaciones a mil. Bergs le birla por segunda vez el saque y pese a que se lleve tres portazos, el belga no titubea: touché para él. Mientras uno se refresca en el vestuario, el otro intenta buscar respuestas en su rincón porque no termina de entender el comportamiento de la bola. No es el primero que lo hace. “Cuando se desgastan, terminar el punto es una pesadilla…”, lamentaba Taylor Fritz hace unos días. Lo hacía el estadounidense después de haber ganado. En cualquier caso, Alcaraz se ha embarullado mentalmente y pincha. No termina de salir de ahí, por más que se repita ese “vamos, Charly”.
Su técnico, Samuel López, también trata de reanimarlo y le recomienda que emplee más el revés liftado, y no tanto los cortados. No está acostumbrado a Alcaraz a que el otro lleve la voz cantante ni a tanta determinación de los adversarios, que en uno momento u otro, sobre todo cuando aumenta la temperatura o están cerca del premio, suelen decaer. Tampoco es habitual que el número tres invierta más tiempo defendiéndose que atacando. Actúa contra natura. “¡Limítate a hacer tu tenis, con alegría!”. “Ve a la red, valiente”. “¡A esto se le da la vuelta!”. Sin embargo, sigue sin tenerlas todas consigo y suelta un par de gritos liberatorios. Coge aire en la silla, hincha los pulmones y se contiene, a la espera de que amaine la tormenta. Pero nada.

Bergs, eléctrico, mantiene el nervio y ataca con decisión, finísimo con el servicio —calidad sobresaliente, 9.1 según cifra el índice de la ATP— y muy punzante en los tres o cuatro primeros tiros. Si el intercambio se dilata tiene un dueño, pero la mayoría se dirimen en pocos chispazos y ahí prevalece el vencedor final, al que no le pesa la rotura encajada cuando servía para cerrar el partido. En el desempate, Alcaraz abre en exceso con el revés, aún acelerado, y Zizou (guiño paternal a Zinedine Zidane) logra merecidamente su mejor triunfo. Sin el de El Palmar en el cuadro, el tenis español alberga todavía esperanza tras lo sucedido el día previo —con el pase de Alejandro Davidovich, citado con Hubert Hurkacz, hacia las 14.00; Movistar+— y también en el turno previo con Jódar.
“Partido a partido”
Este último es la perfecta reencarnación de la vieja escuela de sufridores, de aquellos tenistas que disfrutan en el fango y ante situaciones astillosas. El pulso con Lehecka es áspero de inicio a fin, pero el madrileño logra escapar de todas a base de fe y de poner el escudo. El checo (24 años y 16º del mundo) lo arrincona en el segundo parcial y embiste también al comienzo del tercero, pero compite rematadamente mal las bolas de break —derechas francas a la red, que aparentemente no revestían complicación— y termina diluyéndose ante la consistencia del vencedor, que acumula ya 70 partidos este año. No hay dolor, dice Jódar.
Son 40 victorias, un máster acelerado de aprendizaje y, de momento, las opciones de acudir a la cita maestra de Turín (del 15 al 22 de noviembre) siguen intactas. La prematura derrota de Fritz —derribado por el griego Stefanos Tsitsipas— y la de Novak Djokovic en su debut le refuerzan. En cualquier caso, el español piensa única y exclusivamente en el presente. Hoy, ahora. Nada más. “Solo me centro en el siguiente partido, que va a ser muy duro. Voy a ir partido a partido y trataré de hacerlo lo mejor posible. Si lo consigo [lo de Turín] estaré contento, pero sino también porque esta es mi primera temporada [como profesional]”, concede nada más lograr el pase.

Frente a los diez saques directos y los golpes arquitectónicos de Lechecka —34 ganadores, una decena más que él— contrapone la entereza de la que careció en Nueva York y Tokio. Ciertamente, Jódar parece fatigado, pero su resiliencia es un activo que hoy día escasea y el checo —46 errores no forzados, 26 más que él— acaba desesperándose.
“Ha sido un partido muy duro y creo que las condiciones favorecían a Jiri. Venía jugando un gran tenis [finalista en Tokio] y tiene un gran saque, una bola muy rápida. He estado ahí todo el partido hasta que han aparecido las oportunidades, así que estoy muy contento. Era muy difícil, así que ahora debo descansar para la próxima ronda, porque será igual de difícil”, amplía el español, 13º en el ranking y convertido ahora en el tenista más joven que logra alcanzar los octavos en cinco Masters 1000 sucesivos desde que lo hiciera Nole. El serbio lo consiguió en 2007, cuando tenía también 20 años. “Es mi primer año en el circuito, así que estoy descubriendo muchas cosas”, recuerda siempre Jódar.
El miércoles se encontrará con otro hueso duro de roer, un magnífico holandés llamado Botic vande Zandschulp, 41º del mundo y superior a Arthur Fils, 7-5 y 6-4. Será otra oportunidad para sumar, teniendo en cuenta que está a tan solo 230 puntos de Djokovic, el jugador que actualmente marca el corte en la novena plaza de la carrera anual —Jannik Sinner, ausente hasta 2027, no participará—. Jódar se mantiene en pie y progresa, mientras que Pablo Carreño no logró franquear la oposición de Felix Auger-Aliassime, otro de los aspirantes a Turín. El asturiano le arrebató un set, pero finalmente se inclinó (6-3, 4-6 y 6-1, en dos horas).
Zizou Bergs
vs
Carlos Alcaraz
Sets:
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