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Google ha suspendido sus planes para apostar por España para construir un gran campus de centros de datos y su correspondiente inversión de miles de millones de euros debido al clima regulatorio actual.
La tecnológica estadounidense lleva tiempo tanteando a las autoridades españolas para poner en marcha este proyecto, sin embargo en los niveles más altos la acogida ha sido fría en pleno conflicto del Gobierno de Pedro Sánchez con las grandes tecnológicas, convertidas en una de las dianas de su discurso económico, según confirman varias fuentes a EL MUNDO.
Google Cloud, la filial encargada de poner en marcha estos proyectos, ha declinado hacer comentarios al respecto. La empresa estadounidense abrió en 2021 su región en la nube de Madrid, el primer despliegue de centros de datos que hacía la empresa en España, eso sí, de la mano de socios, es decir, en instalaciones de terceros que Google llenaba con sus servidores.
En ese momento, se reveló un plan de inversión a cinco años de 650 millones en España que incluía la propia región en la nube y también el tendido del cable submarino Grace Hopper, que está amarrado en Sopela, una localidad de Vizcaya.
Desde entonces, la compañía ha desplegado su plan de inversiones y ha incluido nuevos hitos como un nuevo cable submarino llamado Sol y que conectará Santandercon Palm Coast (Florida), con pasos intermedios en las Bermudas y en Azores. Para dar servicio a este cable, adquirió una parcela de 5.907 metros cuadrados en el Parque Científico y Tecnológico de Cantabria para construir su estación de transmisión.
«Cuando entre en funcionamiento, reforzará la capacidad y resiliencia de la red global de Google Cloud, que actualmente cuenta con 43 regiones en todo el mundo y continúa en expansión. Su despliegue permitirá atender la creciente demanda de servicios cloud e inteligencia artificial en Europa, Estados Unidos y otras regiones», trasladaba en el anuncio de la compra del terreno por parte de Sodercan (Sociedad para el Desarrollo Regional de Cantabria).
Esa creciente demanda ha hecho que Google simplemente no tenga suficiente infraestructura para atender toda la demanda que generan sus clientes, como reconoció su CEO, Sundar Pichai, en la última conferencia de resultados del pasado julio en el que justificó así la elevada inversión que proyecta la compañía: 205.000 millones de dólares (182.617 millones de euros al cambio).
Una cifra que, eso sí, sería menor a la de 2027 si se mantiene la guía dada al mercado por Pichai en los próximos meses ante el creciente temor del mercado por el excesivo gasto en IA.
Como parte de este esfuerzo inversor, Google ya ha anunciado numerosos proyectos para construir centros de datos propios con su infraestructura y sus TPU, el procesador con el que compite con Nvidia, en gran parte de Europa.
Los países escandinavos han concentrado buena parte de estas inversiones con Noruega, Dinamarca y sobre todo Finlandia, donde la compañía anunció este septiembre una inyección de 13.000 millones de euros en dos años para levantar infraestructura de IA en la mayor inversión de su historia en Europa.
Previamente, había comprometido 5.500 millones hasta 2029 en Alemania, 5.000 millones en Bélgica, casi 4.000 millones para proyectos en Países Bajos y su primer centro de datos en los Alpes con la construcción de una instalación en Kronstorf (Austria).
Si uno se planta frente al mapa de Europa, el reguero de anuncios y centros de datos en construcción se puede seguir de Norte a Sur y finaliza precisamente en la costa mediterránea. Ahí, hay un vacío de infraestructura propia que no tardará en llenarse y España aún no tiene perdida la partida. A su favor juegan también las inversiones hechas y que un potencial rival como Portugal se dirige en la tecnológica desde Madrid.
Google es además asociada de la patronal de los centros de datos española Spain DC, que ha sido muy crítica con el decreto y ha llegado a afirmar que podría ser el fin de todo el sector. De hecho, el presidente de Asuntos Globales de Google, Kent Walker, estuvo en Madrid hace unos días con este asunto sobre la mesa, según publicó El Confidencial.
Así, si el decreto hace insostenible los números, todo está sobre la mesa y la primera parada estará en el texto que salga del Consejo de Ministros antes de las elecciones. Google, y su chequera, espera expectante.
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