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  VozCultural  Extraños misterios de la luna, ‘Los Falsarios’ de Adolfo García Ortega
VozCultural

Extraños misterios de la luna, ‘Los Falsarios’ de Adolfo García Ortega

7 de noviembre de 2026
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Baltasar Gracián, El criticón. Todas las lunas del mundo. Tan difícil como ver dos lunas en el cielo, algo así escribía Federico García Lorca. Más allá, otros poemas, otros lugares: T.S. Eliot, el Aleph (agujero de gusano, entre la Tierra y la Luna), Kavafis (el Mediterráneo, lejos en su tiempo, en su momento, atravesar el mar). Gustave Flaubert: «Miro a un niño y ya veo un cadáver«. Aquellas maneras de definir el tiempo. Como algo trágico. Una historia de tiempo y literatura, de lugares imaginados, de vida más allá de la Tierra. Es la luna, otra luna, todas las mentiras de la luna en este Los falsarios de Adolfo García Ortega editado por Impedimenta.

24 de julio, 1969, Armstrong, Omega (Lorca, otra vez). Cronógrafo marca Omega. El final. No el comienzo. Una vez que llegas allí, no hay nada más o menos. Luna, otra vez T.S.Eliot: «En mi principio está mi fin«. T.S.Eliot contra el poema de Lorca. Una dimensión mística. En mi primera novela confundí la fecha, la llegada del hombre a la luna. La poesía abandonará la luna cuando el hombre llegue. Solo entonces. Mientras tanto: ¿Qué había en la luna? Ramón Gómez de la Serna apuesta por coches abandonados, quizá una colección de piedras… lo que parecía, desde hacía siglos, es que alguien tenía que haber ahí arriba.

.

1902. Georges Melié, con ese ojo de la luna, el primer Tintín, Jules Verne y El Niño Gusano, disparando el Pilar desde Zaragoza. El número de Planetary con el club de tiro. 1865, de la Tierra a la Luna. Verne, atentos, no era narrativa, era casi todo datos. Una enciclopedia montada, intertextualizada, los mejores datos del siglo. Vuelvo a Planetary y me encuentro con el Club Gun Club. Qué capítulo, qué serie era Planetary. Siempre se recuerda que Jules Verne situó el lanzamiento desde Cabo Cañaveral. Eso es coincidencia científica, eso es visión, cálculo y sapiencia. Volvemos a la teoría de que Jules Verne viajaba al futuro, tomaba nota y volvía. Cambiaba algunas cosas en sus novelas para dejar solamente pequeñas miguitas o, quizá, algunos términos que no acaba de entender. No olvidemos que no aterrizan, que no hay selenitas (grupo pop inolvidable de final de los noventa, por cierto).

Pero volvamos a «Los falsarios», a los castores, a los libros mal traducidos que llegan a España de manera extraña, donde la gente imagina la luna, una luna verde, frondosa, mineral y animal. Un Viaje a la Luna, otra vez, como la canción de Sergio Algora: parte de Castilla la Vieja y un poeta pop como Cyrano de Bergerac. 1837. Todavía quedan más de cien años para llegar a la Luna. La búsqueda de los libros en librerías de lance, obras, folletines, la luna es una mujer (entre Mecano y, otra vez, los estándares de jazz, voz de mujer o de hombre). Cráteres para todos los gustos, elucubradores, una luna fría y aburrida no se concibe, llena de agujeros y polvo. No, tiene que ser jugosa, de verdín y mujeres exuberantes, de animales extraños. Como un plano en el que las zonas desconocidas se llenan de monstruos desconocidos. Sociedad de falsarios de la luna.

Una extraña bibliografía dinámica, que alimenta las elucubraciones, realidad o imaginación. Imagina componer la Luna a base de todas las propuestas literarias, musicales y cinematográficas, como Mundo Batalla, el lugar de las guerras secretas. Allí, construido por líneas paralelas, temporales y geográficas, una Luna mutante, una Luna cuántica.

Un telescopio, una idea del Observatorio Espacial Herschel . Llena de especies aladas, de murciélagos, de castores híbridos. Restos de la paranoia colonial. Que acabaría convirtiendo la llegada a una Luna en una competencia entre Francia, Países Bajos, Bélgica, Inglaterra… quería un pedacito de Luna. Émile-Marie Wolf, un libro: «De la Lune habitée par la Terre» («La luna habitada por la Tierra«). Fantasía mimética. El otro lado del espejo. Traslado de cara, la luz y la sombra de la tierra. Ojo. Mezclamos a André Bretón con Peret. Vía Marcel Proust. Madalena y la noche del hawaiano. La ciudad de la luna, la Nueva Francia, aves y minerales desconocidos, un fango viscoso y un líquido mercurial. Seres alados. Con extremidades complejas, omoplatos intercambiables: ni ángeles ni vampiros.

Luego, más tarde, descubrirían que no tenían atmósfera. El aire está enrarecido. Pero se puede respirar, siempre se ha podido respirar en la luna. No habría historia. Es imprescindible. Nueva Francia, una especie de reflejo especular, mira el telescopio: los bulevares, las prensa y la banca, una torre: «El mirador del futuro«, ¿Quién llegará desde la Tierra? Un inmenso monumento a la nada. Caballos alados, no hay más que animales ambiguos con alas.

El libro de Wolff ¿Qué proyección? ¿Qué ciencia? ¿Qué es el éter? ¿Quién circula, sol o tierra? La Luna se mueve. Burgués lunar, cíborg, humano y autómata. Usar vidrio y magia. Ilusiones. Las películas, la voz de la máquina, el grito de la libertada. Asesinatos: policía selenita, clérigos con forma de puercoespín, Voltaire. Justicia social, no hay necesidad de leyes. Se entregan al éter, especies de la Guerra de las Galaxias, su construcción nos produce un respeto semejante. Hijo, dos hijos, niño o niña y sebosos, como parte de esa sustancia lunar, el éter. Lujuria y vicio, volver a William S Burroughs. Y ahora aparece Alfred Dreyfus, y Emilio Zola y el Yo acuso. Alfred Dreyfus pidió un telescopio, lo quería ver, quería ver la Luna, encontrar allí un reflejo de la prisión. ¿Todos los males que le sucedieron a Dreyfus vinieron por ser judío?, ¿ha visto usted algún judío en la luna? Dreyfus contestó: «No, no vi ninguno, ni siquiera una pequeña sinagoga».

José Marchena aka El Abate, Marchena, un traductor de Voltaire, el diario de un espía en la Florida Blanca (es curioso que todo se mezcla, un tebeo y las canciones de Jorge Ilegal, busquen por el Motel Margot). 1786, el viaje a la luna, un diario del viaje. El 16 de abril de 1786. Un gusano real. Un italiano volador llegando a la Luna. En Londres. Nápoles, la danza de Salomé, ¿Qué está pasando? Masones y rosacruces, los misterios de la Luna, el cielo, la noche, el día: Lunardi: ¿Es la Luna una quimera? Es probable. Para llegar a la Luna, estirar el cuello, así que canciones de jirafas. Para ver hay que subir más alto. Mucho más alto. ¿Llegar a la Luna usando autómatas? Antes de la IA, antes de los robots, los autómatas de la pradera: todo mecanismos, válvulas y movimientos. Globos bastardos y zepelines conducidos por muñecos de hojalata. Royal Society de Londres. Una autoridad en el hidrógeno, claro. Con eso se llega lejos: fuego y explosiones, más ligero que el aire, helio. Hidrógeno, combustible salvaje. ¿Y la luna?

Amigo español, no sea usted incrédulo. Con suerte llegaremos. Pero no use velas de sebo ni quinqués de aceite. ¿Cuánto nos cuesta llegar a la Luna? Cuatro o cinco horas, poco más o menos. Eso sí, conforme llegamos nos cuesta más respirar. Lo mejor, lo único. Los mitos: el gran Cyrano de Bergerac tenía razón, la luna es la tierra al revés como un guante dado la vuelta. Un punto A en la tierra tiene un punto A’ en la luna. Simetría de geometría. La asignatura con la que aprobé las oposiciones. Axiomas y consecuencias, corolarios y demás.

¿Qué encuentras en la Luna? Se van acumulando las civilizaciones, claro. Selenitas, Theoxarco, los sabios derviches, las sectas, Termidor. Mucha gente en la Luna. ¿Qué hay en la luna? En el pasado se llenó tanto de dioses que los dioses se empezaron a comer los unos a los otros. Hasta que solo hubo un dios. Y ese dios alimentó a los demás. Y pensar que la atmósfera es escasa, las piedras y el polvo blanquecino… esta Luna, la literaria, la de los estudios apócrifos, tiene más de sueño y duermevela. Universidad de Salamanca: «A mediados del siglo XIX, en España, la Luna estuvo de moda«, ya lo dicho Rosa Chacel cuando escribió sobre Teresa Mancha. Otro personaje. La luna para los románticos, claro. Una Teresa con amores con José de Espronceda y con Narciso de Escosura.

¿Y si la Luna, como hemos hablado antes, no es un satélite, si de la luna no importa la geografía, la composición, si es un lugar donde habitan las almas, los muertos, los fantasmas, un lugar intermedio? Un lugar entre lo que se toca y lo que se siente. Eso sí, también la sífilis de la época puede acabar haciendo de la luna una residencia para locos.

¿Qué es el exterior? Odiseo. En la Odisea. Homero: los muertos no regresan como tales. Regresan solo sus sombras. Y así, la luz del sol, reflejada sobre la luna, ahí, cuerpos y sombras, un universo de grises, de blancos y negruras. Un plano astral. Lean la Odisea. En versión adaptada, en mi caso.

El final, el Omega. teniente Thorndike .El hijo del relojero. Piensa en el 24 de julio de 1969. El tiempo y la luna. El Doctor Manhattan de Watchmen. No lo olviden, por favor, el reloj del juicio final, el Doctor Manhattan en la luna, solo, contemplando la laguna del tiempo. Para Manhattan el tiempo no es un río, es una laguna. Mitos y dioses. Los dioses que daban nombre a las naves espaciales o las naves espaciales que regalaban su nombre a los dioses. Como decían en Los Simpsons: Buzz Aldrin.

El segundo hombre que pisó la Luna. Segundo es mejor que tercero, va después de primero. Aldrin, más tarde, se convirtió en un obseso de la cueva de los Tallos. Perdón, que me voy: todas las civilizaciones, todas las religiones, con sus dioses lunares (incluyendo Marc Spector, el caballero luna… Siempre la Marvel, siempre). Espera, lista: Hécate, la luna oscura, Khonsu, el de la Marvel, pero el bueno era Thot, Chang’e. La cabeza de Coyolxauhqui o Máni huyendo del lobo. ¿Dónde está Thor? No, mejor los filósofos, los matemáticos, los que decidieron que la Tierra se movía alrededor del sol y la luna acompañaba el baile. No olviden, a Galileo, a Brahe y Johannes Kepler, con sus leyes, que me hicieron aprender en COU, en física. Y los mares de Riccioli y Grimaldi.

Pasar de los dioses a los científicos. Y calcular la distancia de la Tierra a la Luna. Y Julio Verne. ¿Qué es la luna, quién es la luna? La historia secreta de la Tierra. Lean Planetary de Warren Ellis. Lean el Episodio 18: The Gun Club. Qué pasó con la bala, con aquella tosca nave esférica. Y si no hubiera podido aterrizar en la Tierra, ¿y si estuviera atrapada, todavía, en la órbita de la Tierra? Hagamos los cálculos. Qué tebeo tan bello. Como en aquel museo de la magia, en Peñíscola. Y mi amigo Sergio Algora, poeta de la luna, y Dick el Demasiado, autor de cumbia lunática, de Holanda hasta el Bajo Aragón pasando por Argentina.

La ciencia, la filosofía, Aristóteles. Otra vez. Los sacerdotes de las distintas religiones, el apetito de las últimas civilizaciones. Y aquella película de los ochenta, que vi en el cine, Las aventuras del Barón de Münchhausen, tenía 10 años. Montaba en una bala de cañón. ¿Llegaba hasta la Luna? Buena pregunta. SÍ: «La expedición en globo llega a la Luna, donde el Barón, rejuvenecido por la huida, encuentra a su antiguo asociado Berthold, pero discute con el Rey de la Luna, quien tiene celos del Barón por su pasado romántico con su mujer, la Reina de la Luna.» Ojalá Vulcano y ojalá hacerme una camiseta que ponga: «Grandes seres montados en buitres de tres cabezas».

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Selenitas ovíparas, hongos, Sociedad de Falsarios de la Luna. Man in the moon. Man on the Moon. Lunático, hombre lobo, alucinados, poetas malditos insultando al universo. REM y Sergio Algora. ¿Qué dice la Biblia? Segundo o tercero. La Cara Oculta de la Luna. ¿Y si escaparon allí los nazis? Adiós a la Luna de Shakespeare. Hola a la Luna de la era atómica.

 Los textos apócrifos que imagina la luna: tiempo frente a ciencia. Así son «Los falsarios’ de Adolfo García Ortega  

Baltasar Gracián, El criticón. Todas las lunas del mundo. Tan difícil como ver dos lunas en el cielo, algo así escribía Federico García Lorca. Más allá, otros poemas, otros lugares: T.S. Eliot, el Aleph (agujero de gusano, entre la Tierra y la Luna), Kavafis (el Mediterráneo, lejos en su tiempo, en su momento, atravesar el mar). Gustave Flaubert: «Miro a un niño y ya veo un cadáver«. Aquellas maneras de definir el tiempo. Como algo trágico. Una historia de tiempo y literatura, de lugares imaginados, de vida más allá de la Tierra. Es la luna, otra luna, todas las mentiras de la luna en este Los falsarios de Adolfo García Ortega editado por Impedimenta.

24 de julio, 1969, Armstrong, Omega (Lorca, otra vez). Cronógrafo marca Omega. El final. No el comienzo. Una vez que llegas allí, no hay nada más o menos. Luna, otra vez T.S.Eliot: «En mi principio está mi fin«. T.S.Eliot contra el poema de Lorca. Una dimensión mística. En mi primera novela confundí la fecha, la llegada del hombre a la luna. La poesía abandonará la luna cuando el hombre llegue. Solo entonces. Mientras tanto: ¿Qué había en la luna? Ramón Gómez de la Serna apuesta por coches abandonados, quizá una colección de piedras… lo que parecía, desde hacía siglos, es que alguien tenía que haber ahí arriba.

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1902. Georges Melié, con ese ojo de la luna, el primer Tintín, Jules Verne y El Niño Gusano, disparando el Pilar desde Zaragoza. El número de Planetary con el club de tiro. 1865, de la Tierra a la Luna. Verne, atentos, no era narrativa, era casi todo datos. Una enciclopedia montada, intertextualizada, los mejores datos del siglo. Vuelvo a Planetary y me encuentro con el Club Gun Club. Qué capítulo, qué serie era Planetary. Siempre se recuerda que Jules Verne situó el lanzamiento desde Cabo Cañaveral. Eso es coincidencia científica, eso es visión, cálculo y sapiencia. Volvemos a la teoría de que Jules Verne viajaba al futuro, tomaba nota y volvía. Cambiaba algunas cosas en sus novelas para dejar solamente pequeñas miguitas o, quizá, algunos términos que no acaba de entender. No olvidemos que no aterrizan, que no hay selenitas (grupo pop inolvidable de final de los noventa, por cierto).

Pero volvamos a «Los falsarios», a los castores, a los libros mal traducidos que llegan a España de manera extraña, donde la gente imagina la luna, una luna verde, frondosa, mineral y animal. Un Viaje a la Luna, otra vez, como la canción de Sergio Algora: parte de Castilla la Vieja y un poeta pop como Cyrano de Bergerac. 1837. Todavía quedan más de cien años para llegar a la Luna. La búsqueda de los libros en librerías de lance, obras, folletines, la luna es una mujer (entre Mecano y, otra vez, los estándares de jazz, voz de mujer o de hombre). Cráteres para todos los gustos, elucubradores, una luna fría y aburrida no se concibe, llena de agujeros y polvo. No, tiene que ser jugosa, de verdín y mujeres exuberantes, de animales extraños. Como un plano en el que las zonas desconocidas se llenan de monstruos desconocidos. Sociedad de falsarios de la luna.

Una extraña bibliografía dinámica, que alimenta las elucubraciones, realidad o imaginación. Imagina componer la Luna a base de todas las propuestas literarias, musicales y cinematográficas, como Mundo Batalla, el lugar de las guerras secretas. Allí, construido por líneas paralelas, temporales y geográficas, una Luna mutante, una Luna cuántica.

Un telescopio, una idea del Observatorio Espacial Herschel . Llena de especies aladas, de murciélagos, de castores híbridos. Restos de la paranoia colonial. Que acabaría convirtiendo la llegada a una Luna en una competencia entre Francia, Países Bajos, Bélgica, Inglaterra… quería un pedacito de Luna. Émile-Marie Wolf, un libro: «De la Lune habitée par la Terre» («La luna habitada por la Tierra«). Fantasía mimética. El otro lado del espejo. Traslado de cara, la luz y la sombra de la tierra. Ojo. Mezclamos a André Bretón con Peret. Vía Marcel Proust. Madalena y la noche del hawaiano. La ciudad de la luna, la Nueva Francia, aves y minerales desconocidos, un fango viscoso y un líquido mercurial. Seres alados. Con extremidades complejas, omoplatos intercambiables: ni ángeles ni vampiros.

Luego, más tarde, descubrirían que no tenían atmósfera. El aire está enrarecido. Pero se puede respirar, siempre se ha podido respirar en la luna. No habría historia. Es imprescindible. Nueva Francia, una especie de reflejo especular, mira el telescopio: los bulevares, las prensa y la banca, una torre: «El mirador del futuro«, ¿Quién llegará desde la Tierra? Un inmenso monumento a la nada. Caballos alados, no hay más que animales ambiguos con alas.

El libro de Wolff ¿Qué proyección? ¿Qué ciencia? ¿Qué es el éter? ¿Quién circula, sol o tierra? La Luna se mueve. Burgués lunar, cíborg, humano y autómata. Usar vidrio y magia. Ilusiones. Las películas, la voz de la máquina, el grito de la libertada. Asesinatos: policía selenita, clérigos con forma de puercoespín, Voltaire. Justicia social, no hay necesidad de leyes. Se entregan al éter, especies de la Guerra de las Galaxias, su construcción nos produce un respeto semejante. Hijo, dos hijos, niño o niña y sebosos, como parte de esa sustancia lunar, el éter. Lujuria y vicio, volver a William S Burroughs. Y ahora aparece Alfred Dreyfus, y Emilio Zola y el Yo acuso. Alfred Dreyfus pidió un telescopio, lo quería ver, quería ver la Luna, encontrar allí un reflejo de la prisión. ¿Todos los males que le sucedieron a Dreyfus vinieron por ser judío?, ¿ha visto usted algún judío en la luna? Dreyfus contestó: «No, no vi ninguno, ni siquiera una pequeña sinagoga».

José Marchena aka El Abate, Marchena, un traductor de Voltaire, el diario de un espía en la Florida Blanca (es curioso que todo se mezcla, un tebeo y las canciones de Jorge Ilegal, busquen por el Motel Margot). 1786, el viaje a la luna, un diario del viaje. El 16 de abril de 1786. Un gusano real. Un italiano volador llegando a la Luna. En Londres. Nápoles, la danza de Salomé, ¿Qué está pasando? Masones y rosacruces, los misterios de la Luna, el cielo, la noche, el día: Lunardi: ¿Es la Luna una quimera? Es probable. Para llegar a la Luna, estirar el cuello, así que canciones de jirafas. Para ver hay que subir más alto. Mucho más alto. ¿Llegar a la Luna usando autómatas? Antes de la IA, antes de los robots, los autómatas de la pradera: todo mecanismos, válvulas y movimientos. Globos bastardos y zepelines conducidos por muñecos de hojalata. Royal Society de Londres. Una autoridad en el hidrógeno, claro. Con eso se llega lejos: fuego y explosiones, más ligero que el aire, helio. Hidrógeno, combustible salvaje. ¿Y la luna?

Amigo español, no sea usted incrédulo. Con suerte llegaremos. Pero no use velas de sebo ni quinqués de aceite. ¿Cuánto nos cuesta llegar a la Luna? Cuatro o cinco horas, poco más o menos. Eso sí, conforme llegamos nos cuesta más respirar. Lo mejor, lo único. Los mitos: el gran Cyrano de Bergerac tenía razón, la luna es la tierra al revés como un guante dado la vuelta. Un punto A en la tierra tiene un punto A’ en la luna. Simetría de geometría. La asignatura con la que aprobé las oposiciones. Axiomas y consecuencias, corolarios y demás.

¿Qué encuentras en la Luna? Se van acumulando las civilizaciones, claro. Selenitas, Theoxarco, los sabios derviches, las sectas, Termidor. Mucha gente en la Luna. ¿Qué hay en la luna? En el pasado se llenó tanto de dioses que los dioses se empezaron a comer los unos a los otros. Hasta que solo hubo un dios. Y ese dios alimentó a los demás. Y pensar que la atmósfera es escasa, las piedras y el polvo blanquecino… esta Luna, la literaria, la de los estudios apócrifos, tiene más de sueño y duermevela. Universidad de Salamanca: «A mediados del siglo XIX, en España, la Luna estuvo de moda«, ya lo dicho Rosa Chacel cuando escribió sobre Teresa Mancha. Otro personaje. La luna para los románticos, claro. Una Teresa con amores con José de Espronceda y con Narciso de Escosura.

¿Y si la Luna, como hemos hablado antes, no es un satélite, si de la luna no importa la geografía, la composición, si es un lugar donde habitan las almas, los muertos, los fantasmas, un lugar intermedio? Un lugar entre lo que se toca y lo que se siente. Eso sí, también la sífilis de la época puede acabar haciendo de la luna una residencia para locos.

¿Qué es el exterior? Odiseo. En la Odisea. Homero: los muertos no regresan como tales. Regresan solo sus sombras. Y así, la luz del sol, reflejada sobre la luna, ahí, cuerpos y sombras, un universo de grises, de blancos y negruras. Un plano astral. Lean la Odisea. En versión adaptada, en mi caso.

El final, el Omega. teniente Thorndike .El hijo del relojero. Piensa en el 24 de julio de 1969. El tiempo y la luna. El Doctor Manhattan de Watchmen. No lo olviden, por favor, el reloj del juicio final, el Doctor Manhattan en la luna, solo, contemplando la laguna del tiempo. Para Manhattan el tiempo no es un río, es una laguna. Mitos y dioses. Los dioses que daban nombre a las naves espaciales o las naves espaciales que regalaban su nombre a los dioses. Como decían en Los Simpsons: Buzz Aldrin.

El segundo hombre que pisó la Luna. Segundo es mejor que tercero, va después de primero. Aldrin, más tarde, se convirtió en un obseso de la cueva de los Tallos. Perdón, que me voy: todas las civilizaciones, todas las religiones, con sus dioses lunares (incluyendo Marc Spector, el caballero luna… Siempre la Marvel, siempre). Espera, lista: Hécate, la luna oscura, Khonsu, el de la Marvel, pero el bueno era Thot, Chang’e. La cabeza de Coyolxauhqui o Máni huyendo del lobo. ¿Dónde está Thor? No, mejor los filósofos, los matemáticos, los que decidieron que la Tierra se movía alrededor del sol y la luna acompañaba el baile. No olviden, a Galileo, a Brahe y Johannes Kepler, con sus leyes, que me hicieron aprender en COU, en física. Y los mares de Riccioli y Grimaldi.

Pasar de los dioses a los científicos. Y calcular la distancia de la Tierra a la Luna. Y Julio Verne. ¿Qué es la luna, quién es la luna? La historia secreta de la Tierra. Lean Planetary de Warren Ellis. Lean el Episodio 18: The Gun Club. Qué pasó con la bala, con aquella tosca nave esférica. Y si no hubiera podido aterrizar en la Tierra, ¿y si estuviera atrapada, todavía, en la órbita de la Tierra? Hagamos los cálculos. Qué tebeo tan bello. Como en aquel museo de la magia, en Peñíscola. Y mi amigo Sergio Algora, poeta de la luna, y Dick el Demasiado, autor de cumbia lunática, de Holanda hasta el Bajo Aragón pasando por Argentina.

La ciencia, la filosofía, Aristóteles. Otra vez. Los sacerdotes de las distintas religiones, el apetito de las últimas civilizaciones. Y aquella película de los ochenta, que vi en el cine, Las aventuras del Barón de Münchhausen, tenía 10 años. Montaba en una bala de cañón. ¿Llegaba hasta la Luna? Buena pregunta. SÍ: «La expedición en globo llega a la Luna, donde el Barón, rejuvenecido por la huida, encuentra a su antiguo asociado Berthold, pero discute con el Rey de la Luna, quien tiene celos del Barón por su pasado romántico con su mujer, la Reina de la Luna.» Ojalá Vulcano y ojalá hacerme una camiseta que ponga: «Grandes seres montados en buitres de tres cabezas».

Selenitas ovíparas, hongos, Sociedad de Falsarios de la Luna. Man in the moon. Man on the Moon. Lunático, hombre lobo, alucinados, poetas malditos insultando al universo. REM y Sergio Algora. ¿Qué dice la Biblia? Segundo o tercero. La Cara Oculta de la Luna. ¿Y si escaparon allí los nazis? Adiós a la Luna de Shakespeare. Hola a la Luna de la era atómica.

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