Después de la gran acogida de Pájaro azul, Leo Rizzi (Ibiza, 27 años), autor de la archiconocida Amapolas, vuelve para cantarle a la belleza, que reivindica como aquello que existe fuera de la utilidad, como un gesto libre que no necesita justificarse, en un disco que funciona como un oasis de calma en medio de tanto ruido.
«La música es un arte, es expresión, y, últimamente, se ha intentado encapsular, capitalizar, así que este álbum viene a decir eso, que la música es música en sí sola, es arte, es una expresión, y no tiene por qué ser capitalizada»
«Al final todos acabamos siendo un poco del mundo, y está genial, pero la contrapartida es la globalización, el desarraigo y la individuación de cada uno, y creo que retomar la tradición, es decir, retomar lo que nuestra abuela dejó, lo que nuestros padres dejan, es lo que tenemos que tener cuidado de no olvidar»
«Podemos ser muy modernos y experimentar, pero sin olvidarnos de dónde venimos, porque si no es muy fácil que te arrebaten cosas que son muy importantes»
«La belleza es aquello que no cumple función, es aquello que está y que se ofrece porque le apetece a uno o a esa cosa ser»
«Te venden carreras de fama y lujo, y al final eso cala mucho en el mundo artístico y nos hace pensar que debemos alcanzar eso, y nada tiene que ver con ser artista»
El hispanouruguayo lanza su segundo disco, ‘La belleza de las flores’, que nace como una pausa frente a una cultura dominada por la productividad, la exposición y el rendimiento.
Entrevista
El hispanouruguayo lanza su segundo disco, ‘La belleza de las flores’, que nace como una pausa frente a una cultura dominada por la productividad, la exposición y el rendimiento.
Después de la gran acogida de Pájaro azul, Leo Rizzi (Ibiza, 27 años), autor de la archiconocida Amapolas, vuelve para cantarle a la belleza, que reivindica como aquello que existe fuera de la utilidad, como un gesto libre que no necesita justificarse, en un disco que funciona como un oasis de calma en medio de tanto ruido.
El concepto del álbum está inspirado en el pensamiento del filósofo coreano Byung-Chul Han. ¿Lo puede explicar?
El álbum se llama así por una frase suya «la belleza de las flores se debe a un lujo que está libre de toda economía». Digamos que de ahí parte todo, y es en lo que he estado sumergido estos últimos años, creo que como respuesta también a lo que está pasando en el mundo de la música y en la industria en general, que es esta cosa de los ritmos acelerados, de la ultracapitalización de todos los sentidos de la vida. Creo que el arte también ha sufrido eso, y de alguna forma este filósofo, Byung-Chul Han, viene a decirnos eso, que habitemos la belleza por la belleza, y no por la función que tienen las cosas. La música es un arte, es expresión, y, últimamente, se ha intentado encapsular, capitalizar, así que este álbum viene a decir eso, que la música es música en sí sola, es arte, es una expresión, y no tiene por qué ser capitalizada. En este caso la pongo sobre la mesa como un manifiesto de resistencia también ante todas las presiones que hay.
¿Se puede criticar el capitalismo formando parte del capitalismo?
Al final, la técnica más grande que tiene el capitalismo para que nosotros sigamos funcionando dentro de él es hacerte creer que, solo por saber que el capitalismo es malo, ya estás exento de toda responsabilidad, y yo creo que no, que hay que responsabilizarse y hay que tener otras conductas, actitudes y valores. Byung también habla de eso y trae el mensaje de retomar unos valores quizá un poco más tradicionales. Es necesario recaer a veces en algo sólido que los mantenga como una narrativa de vida en este mundo, y no solo una narrativa de consumo y producción. Tenemos que ser responsables, y creo que podemos hacerlo, tenemos las herramientas, vaya.
«La música es un arte, es expresión, y, últimamente, se ha intentado encapsular, capitalizar, así que este álbum viene a decir eso, que la música es música en sí sola, es arte, es una expresión, y no tiene por qué ser capitalizada»
Tradición que usted reivindica. ¿Se está perdiendo?
Creo que hay un punto de desarraigo. Al fin y al cabo yo soy emigrante, soy una persona que ha nacido en Ibiza, luego fui a Uruguay, después pasé por Valencia, Madrid o Barcelona… Creo que al final todos acabamos siendo un poco del mundo, y está genial, pero la contrapartida es la globalización, el desarraigo y la individuación de cada uno, y creo que retomar la tradición, es decir, retomar lo que nuestra abuela dejó, lo que nuestros padres dejan, es lo que tenemos que tener cuidado de no olvidar. Porque sí, podemos ser muy modernos y podemos experimentar, pero sin olvidarnos de dónde venimos, porque si no es muy fácil que te arrebaten cosas que son muy importantes.
«Lo sagrado sigue existiendo», también reclama.
Lo sagrado creo que es una expresión muy grandilocuente que también es para poner sobre la mesa, porque lo sagrado es aquello que resuena con los dioses, que es algo que también está ejemplificado en la portada del disco, con esta postura de Hanuman, una deidad central en la mitología hindú. Hay que diferenciar muy bien qué pertenece a lo sagrado y qué pertenece a lo profano para poder también diseñar un valor en la vida. Manu Om, que colabora conmigo en una canción que se llama Fe, me dijo textualmente: ‘Tú has venido a mostrar belleza al mundo y uno, cuando está en ese lugar y que al final no deja de ser un canalizador, tiene que aprender a despegarse de cómo recibe la gente lo que tú das.
«Al final todos acabamos siendo un poco del mundo, y está genial, pero la contrapartida es la globalización, el desarraigo y la individuación de cada uno, y creo que retomar la tradición, es decir, retomar lo que nuestra abuela dejó, lo que nuestros padres dejan, es lo que tenemos que tener cuidado de no olvidar»
En sus canciones hay muchas referencias a Dios. Parece que es la tendencia de ahora en la música.
En este caso, si bien juego con conceptos como Dios y cosas de religión y la fe, creo que la mía va más por el lado de la tradición, aunque también mirando la vanguardia. Yo defiendo que hay que conservar la fe y tener nuestras creencias, de hecho, yo las he tenido para hacer este álbum y para seguir adelante. Creo que la fe es muy importante, y más en tiempos donde parece que todo está perdido, hay que recuperarla sea como sea, pero no estoy tan de acuerdo con asignar la fe a una institución. Yo la cojo más de aquellos lugares donde creo que hay cosas de interés, ya sea el hinduismo, el budismo o en el cristianismo también, la palabra de Jesús, pero creo que tiene que ser una cosa más holística y con la mentalidad más abierta.

Me hablaba de los ritmos acelerados en la música. En el consumo, ¿y también en la creación?
Sí. Nos hemos convertido en empresarios de nosotros mismos, y eso es lo más poderoso que tiene este sistema, porque somos esclavos también de nosotros mismos. Creo que bajar la vara de la producción consigue que conectemos con una parte más humana y que entremos en ese estado más contemplativo y más calmado que es propio de nosotros y está más alineado con lo sagrado, no tanto con esta cosa del trabajo. Que el trabajo es bellísimo también, pero es bellísimo cuando uno se acerca desde otro lugar.
«Podemos ser muy modernos y experimentar, pero sin olvidarnos de dónde venimos, porque si no es muy fácil que te arrebaten cosas que son muy importantes»
¿Desde cuál?
Lo bello está en aquellas cosas genuinas, en lo auténtico, y muchas veces podemos ir a la naturaleza y encontrarlo donde quieras. Que una flor sea así porque es así es algo increíble. La belleza es aquello que no cumple función, es aquello que está y que se ofrece porque le apetece a uno o a esa cosa ser.
¿Cómo se hace un disco que mira hacia adentro cuando lo que se lleva es todo lo contrario, la sobreexposición?
Yo soy una persona muy reflexiva, muy profunda, siempre que intento hacer algo más superficial no me sale, no puedo con eso, y no me siento cómodo ahí. Quizá algún día haga algo así como mucho más ligero y no me apetezca hablar tanto de lo profundo, pero oye, hasta ahora me ha salido eso. Tampoco me lo he cuestionado, o sea, a quien le guste, bien, y a quien no, también.
«La belleza es aquello que no cumple función, es aquello que está y que se ofrece porque le apetece a uno o a esa cosa ser»
¿Lleva bien la sobrexposición que conlleva su trabajo?
Yo creo que la sobreexposición se debe básicamente al miedo a no ser visto. Y creo que uno perfectamente puede dar lo que tiene para dar y también puede tener sus momentos de descanso. La sobreexposición se liga mucho a lo mismo, al rendimiento, y a producir y a generar dinero. Te venden carreras de fama y lujo, y al final eso cala mucho en el mundo artístico y nos hace pensar que debemos alcanzar eso, y nada tiene que ver con ser artista.
Entonces, ¿qué es el éxito para usted?
Esa es una palabra a la que le doy muchas vueltas desde que empecé. Yo creo que, ahora, el éxito es una balanza entre poder estar tranquilo y cómodo y a la vez poder conseguir mis objetivos personales sin compararme con nadie.
«Te venden carreras de fama y lujo, y al final eso cala mucho en el mundo artístico y nos hace pensar que debemos alcanzar eso, y nada tiene que ver con ser artista»
Para éxito Amapolas, la canción que le lanzó a la fama. ¿Temió ser artista de un de un solo hit?
Siempre se tiene ese miedo. Es mi canción más escuchada y mucha gente me reconoce por esa canción, ¿qué te voy a decir? Yo estoy superagradecido. Peor habría sido que no hubiera tenido una canción, creo que como artistas siempre queremos crecer y que nuestra música sea escuchada, y Amapolas es una canción que me encanta, aparte de que es un tema superbonito. Fíjate que está enlazado con esta cosa de la belleza de la flor, sin yo saberlo en ese momento, cinco años después está relacionado con aquello que yo vengo a dar ahora también.
¿se puede hacer buena música sin decir groserías?
La expresión es infinita, puedes hacer lo que quieras.
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