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Setenta y seis días después de la entrada ilegal de unas 100.000 personas desde Marruecos a Ceuta vamos conociendo lo siguiente:
A las 8.23 horas del 27 de julio la ciudad autónoma pide auxilio a La Moncloa a través de un contacto telefónico. Ese día la Policía Nacional advierte de la inminente entrada «masiva de inmigrantes a nado». El CNI se comunica con la delegación del Gobierno para expresar su preocupación y la unidad de inteligencia del Ejército emite una nota por riesgo «muy probable» de asalto el 30.
El 28 de julio, el Gobierno ceutí insiste en su solicitud de socorro a través de llamadas al jefe de Gabinete de Pedro Sánchez. El Centro Nacional de Inmigración y Fronteras de la Policía dispara la alarma: hay indicios de que las autoridades marroquíes permitirán una violación de la frontera «como herramienta de presión política».
Veinticuatro horas después, el 29 de julio, el CNI entra en máxima alerta y comunica a la delegación del Gobierno que ha detectado una amenaza para el día siguiente. Advierte de que los mensajes animando a entrar en España circulan por grupos de Facebook con 182.000 seguidores en Marruecos. Avisa a sus colegas del otro lado de la frontera para que estén prevenidos.
El 30 de julio se materializan las advertencias y una multitud revienta el paso fronterizo e invade la ciudad en medio de la pasividad de los gendarmes. Más de 140 civiles perecen. Barcos de guerra de la Marina Real marroquí violan las aguas territoriales españolas sin previo aviso.
El 31 de julio, el presidente visita Ceuta, denuncia que se ha violentado la soberanía nacional, responsabiliza a una interpretación torticera de una resolución del Supremo y exculpa a Marruecos. Las incursiones de su marina de guerra continúan.
Se va de vacaciones.
Los gobiernos del 70% de los países de la UE protestan por la política migratoria española. El ministro Albares convoca al embajador italiano por cuestionar Schengen y defiende la «absoluta colaboración de las autoridades» de Rabat.
Según ha revelado El País, el 3 de agosto la Armada española envía un buque a tratar de contener a la flota de guerra marroquí.
El 5 de agosto, Marlaska dice que ningún informe le advertía de la posibilidad de un asalto masivo. Descarta la asunción de responsabilidades: «Son cosas que pasan». Al día siguiente, la fragata Navarra atraca en Ceuta para expulsar a los barcos artillados de Mohamed VI.
El Rey es informado de la agresividad militar marroquí. El 6 de agosto, recibe al presidente Vivas en Marivent para hacer público su deseo de visitar la ciudad española.
El 21 de agosto, Albares convoca a la embajadora marroquí después de que varios ministros reclamen la soberanía de Ceuta. No va porque, al igual que el presidente español, también está de vacaciones.
El 23 de agosto Sánchez regresa de las suyas. «Fueron días duros», dirá más tarde.
El 2 de septiembre se conoce un informe enviado a la Audiencia Nacional en el que se acusa a Rabat de «programar el asalto». El 3 de septiembre, Sánchez comparece en el Congreso. Defiende la colaboración de Marruecos. Dice que las pruebas no son «sólidas». El 9 de septiembre se publican las alertas del CNI.
El 5 de octubre anuncia elecciones porque «el Parlamento pisotea los derechos de la gente».
El 13 de octubre, los reyes Felipe y Letizia llegan a Ceuta. Ya no sabemos qué sabemos y qué no salvo una cosa: al fin un poco de certidumbre.
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