Usamos estas expresiones a diario y casi nunca pensamos de dónde salen. En este post voy a explicarte el origen de cinco populares frases que nombran partes del cuerpo y que hoy sirven para hablar de prudencia, descanso, sensatez, permisividad o verborrea. Algunas nacieron en oficios y situaciones cotidianas, como el trabajo bajo el agua, las cárceles o las aduanas, llegando hasta nuestros días gracias al habla popular.
· Andar con pies de plomo
La expresión viene de los primeros buzos que usaban botas recubiertas de plomo para caminar con seguridad sobre el fondo del mar mientras trabajaban o exploraban. Ese peso adicional les daba estabilidad, obligándolos a mover los pies despacio y con cuidado para no perder el equilibrio bajo el agua. Con el tiempo, la frase se extendió al uso general para describir a alguien que actúa con máxima precaución, sin prisas y con cuidado extremo.
· Dormir a pierna suelta
La expresión procede de antiguas prácticas carcelarias, cuando a los presos se les encadenaba los tobillos con grilletes para que no escaparan. Cuando alguien se comportaba bien, se le permitía quitarse una de esas cadenas y dormir sin ataduras, con la pierna libre. Esa sensación de descanso completo y sin restricciones quedó asociada a dormir profundamente y sin preocupaciones, y con el tiempo pasó a usarse para describir a quien duerme muy bien y relajado, sin interrupciones ni tensiones.
· Tener dos dedos de frente
La expresión tiene su origen en las ideas del anatomista Franz Joseph Gall, quien desarrolló en el siglo XIX la frenología, una teoría pseudocientífica que intentaba relacionar el carácter y la inteligencia de las personas con la forma y el tamaño del cráneo. Según esa teoría, una frente más ancha era indicio de mayor inteligencia y buen juicio, y una frente estrecha sugería todo lo contrario. Así surgió decir que quien no tiene dos dedos de frente carece de sensatez o juicio. La frase se popularizó con ese sentido y ha llegado hasta hoy como sinónimo de falta de lucidez.
· Hacer la vista gorda
La expresión viene de los ambientes aduaneros, en los que había un funcionario llamado ‘vista de aduanas’, encargado de comprobar que la mercancía declarada coincidiese con la que entraba o salía. En tiempos de escasez muchos contrabandistas intentaban pasar productos no declarados, y a veces el funcionario hacía como que no veía ese exceso, dejaba pasar la mercancía y miraba hacia otro lado. Ese gesto de fingir que no se nota algo que sí se sabe es lo que dio origen a ‘hacer la vista gorda’.
· Hablar por los codos
La expresión aparece ya recogida en el Diccionario de Autoridades de 1739 con la definición de «Phrase vulgár… para exagerar que alguien habla mucho y sin parar». Aunque hay varias teorías, ninguna está probada. Algunas fuentes señalan que el poeta romano Quinto Horacio Flaco la usó en sus Sátiras del siglo I a.C. para describir la abundancia verbal. Otras explicaciones populares sugieren que el gesto de dar golpecitos con el codo al interlocutor para llamar su atención al hablar pudo influir en la frase.
Descubre el origen de cinco expresiones populares sobre el cuerpo y lo que realmente significan cuando las usamos en el día a día.
Usamos estas expresiones a diario y casi nunca pensamos de dónde salen. En este post voy a explicarte el origen de cinco populares frases que nombran partes del cuerpo y que hoy sirven para hablar de prudencia, descanso, sensatez, permisividad o verborrea. Algunas nacieron en oficios y situaciones cotidianas, como el trabajo bajo el agua, las cárceles o las aduanas, llegando hasta nuestros días gracias al habla popular.
· Andar con pies de plomo
La expresión viene de los primeros buzos que usaban botas recubiertas de plomo para caminar con seguridad sobre el fondo del mar mientras trabajaban o exploraban. Ese peso adicional les daba estabilidad, obligándolos a mover los pies despacio y con cuidado para no perder el equilibrio bajo el agua. Con el tiempo, la frase se extendió al uso general para describir a alguien que actúa con máxima precaución, sin prisas y con cuidado extremo.
· Dormir a pierna suelta
La expresión procede de antiguas prácticas carcelarias, cuando a los presos se les encadenaba los tobillos con grilletes para que no escaparan. Cuando alguien se comportaba bien, se le permitía quitarse una de esas cadenas y dormir sin ataduras, con la pierna libre. Esa sensación de descanso completo y sin restricciones quedó asociada a dormir profundamente y sin preocupaciones, y con el tiempo pasó a usarse para describir a quien duerme muy bien y relajado, sin interrupciones ni tensiones.
· Tener dos dedos de frente
La expresión tiene su origen en las ideas del anatomista Franz Joseph Gall, quien desarrolló en el siglo XIX la frenología, una teoría pseudocientífica que intentaba relacionar el carácter y la inteligencia de las personas con la forma y el tamaño del cráneo. Según esa teoría, una frente más ancha era indicio de mayor inteligencia y buen juicio, y una frente estrecha sugería todo lo contrario. Así surgió decir que quien no tiene dos dedos de frente carece de sensatez o juicio. La frase se popularizó con ese sentido y ha llegado hasta hoy como sinónimo de falta de lucidez.
· Hacer la vista gorda
La expresión viene de los ambientes aduaneros, en los que había un funcionario llamado ‘vista de aduanas’, encargado de comprobar que la mercancía declarada coincidiese con la que entraba o salía. En tiempos de escasez muchos contrabandistas intentaban pasar productos no declarados, y a veces el funcionario hacía como que no veía ese exceso, dejaba pasar la mercancía y miraba hacia otro lado. Ese gesto de fingir que no se nota algo que sí se sabe es lo que dio origen a ‘hacer la vista gorda’.
· Hablar por los codos
La expresión aparece ya recogida en el Diccionario de Autoridades de 1739 con la definición de «Phrase vulgár… para exagerar que alguien habla mucho y sin parar». Aunque hay varias teorías, ninguna está probada. Algunas fuentes señalan que el poeta romano Quinto Horacio Flaco la usó en sus Sátiras del siglo I a.C. para describir la abundancia verbal. Otras explicaciones populares sugieren que el gesto de dar golpecitos con el codo al interlocutor para llamar su atención al hablar pudo influir en la frase.
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